miércoles, 15 de mayo de 2013

Segundo ejercicio del taller


Actividad del mapa

Al tener los ojos vendados mi primera sensación  fue sentirme más pequeño. Definitivamente somos seres de luz, y por lo tanto dependemos de ella. Experimentar que “el sentido más importante (la visión)”  esta obstaculizado por un elemento puesto intencionalmente, es definitivamente un reto para experimentar otro estado de presencia, otro estado de ánimo, otro estado de percepción. Y es cierto, creo que este sentido es el más importante, ya que inmediatamente cuando uno lo anula, los otros sentidos parecen despertarse  más de algún modo, lo que indica que el cuerpo necesita mucha más atención de la que necesitaría si tuviera el sentido de la visión activa. Sin negar que constantemente existe una pérdida de la motricidad y la coordinación. Al sentir, al saborear, al oler, al escuchar, aparece una alerta o una señal que inevitablemente te hace despertar, te obliga a reaccionar, y aun cuando existe un acompañamiento, la sensación de estar solo es constante. Crees que te acechan, crees que ocuparas un territorio ajeno, crees que estás haciendo algo indebido,  y solo te sientes un poco cómodo cuando estas más quieto y por lo tanto más concentrado. Y al final, te sientes ansioso de recuperar tu espacio, de sentir la luz, de reconocer el mundo, de volver a ver.
El ejercicio de recorrer un espacio que ya conocía pero con la actividad de la visión obstaculizada, aparte que no es poco común, es muy desafiante, por lo que te enfrentas a tu propio ritmo y a tu propia confianza, descubriendo una vez más que los caminos y el espacio por los que te movilizas son simplemente rutas que siempre recorres con tus pies, mas no con tu memoria o tu sentido de localización. Esto lo comprobé con los ojos vendados. Crees que sabes dónde estás parado, pero no es así. Y ahí es cuando uno piensa en lo mucho que hay por sentir en todo momento, en todo lugar. En este ejercicio aprendí lo importante que es apropiarse del espacio, y por lo tanto identificarlo no solo por su primera impresión física, sino que también hay unas características particulares que identifican el lugar y que de hecho son propias de él. Así, existe otra forma de orientación, otra forma de sentir el espacio, otra forma de ver el mundo.













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