miércoles, 17 de julio de 2013

Entrega final

Conceptualización:

El taller de bioarte es un acercamiento hacia el concepto y la formalización de lo que entendemos por la vida y su entorno. Entre lo natural y lo artificial, entre el nacimiento y la descomposición, entre el orden y el caos, entre el hombre y el planeta, entre lo establecido y la creación; siempre existió una relación de preguntas y respuestas, de dudas y confirmaciones, de disgustos y satisfacciones. ¿Pero que fue lo que me motivo a realizar este trabajo final? Siempre estuve pensando a medida que pasaba el curso sobre como el ser humano se comporta con su entorno natural, y como hace para aprovechar esos recursos que con sabiduría brinda la naturaleza. Mi propuesta está centrada en dos elementos fundamentales para el sostenimiento de la vida humana: cuerpo y plantas. ¿Qué seriamos de nosotros los humanos sin las plantas? Indiscutiblemente el hombre con ayuda de su conocimiento ancestral ha sabido utilizar el poder que comunican las plantas, entendiendo que somos descendientes de los animales y que por ello somos físicamente animales, pero también guardamos dentro de nuestras consciencias un legado que misteriosamente las plantas nos han trasmitido durante nuestros principios. Y así es, entre la carne y las hojas, entre la sangre y la clorofila, entre el rojo y el verde nos hemos desenvuelto en este mundo. Todos los seres humanos tenemos parte animal, parte de plantas. Todos los seres humanos compartimos ese instinto salvaje y vegetal. Pero… ¿en estos tiempos modernos, cuando hemos nacidos ajenos a la cultura del campo y de la siembra, de la medicina natural y de la magia de las plantas, que percepción justificable y razonable podemos compartir a nuestro prójimo? Es así como pretendo argumentar mi opinión y creencia sobre la vida humana en este planeta, estableciendo arriesgadamente pero apoyado en mis instintos (animales y vegetales) una comunión entre “el hombre –animal” y “las plantas-espiritual” donde existe una comunicación estrecha en la cual se comparten sensaciones y necesidades como la alimentación, la salud, el equilibrio, la compensación…
Esta instalación lo que pretende es de algún modo despertar ese lado enfermo y sanador que tenemos todos los seres humanos en nuestra existencia. Existen contrastes muy fuertes entre la carne y las plantas, entre lo desagradable que puede resultar del color crudo del rojo sangre, y el apaciguante verde que transmite la naturaleza. Y es que es así como nos desenvolvemos en la vida, llenos de rabias y calmas, llenos de ira y serenidad, llenos de hastíos y de agrados, pero lo que siempre entenderemos es que sea una u otra, nunca podremos separarnos de esas sensaciones fuertes y eufóricas, como tampoco de esas de quietud y reposo. Al fin y al cabo, es de ambas de las cuales estamos hechos, y es de ambas que nos denominamos seres humanos.













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